Berlín en invierno.

Me imagino que todas las ciudades se parecen en invierno. La nieve resalta el diseño. El de Berlín está marcado por  muchas cicatrices. La del muro que dividió la ciudad, cicatriz larga, ancha, sinuosa en cuyo espacio vacío, hoy, la nieve se posa suavemente. Las que produjeron los bombardeos de la segunda guerra mundial y que arrasaron con lo que fue su grandeza. .Las multiples ausencias que van desgranándose con el reincidente "aquí estuvo..."dejan clara la suerte de resto.

Mi sensación es la de una inmensa melancolía mientras camino por Unter der Linder hacia la puerta de Branderburgo. Los tilos desnudos están saturados de luces blancas y crean una imagen un poco de paseo provinciano. Se siente el silencio. Casi se lo masca. La magnifica Avenida construida en tiempos de Federico, el grande para mayor gloria de Prusia, luce alerones de nieve sucia en sus orillas. La puerta de Brandenburgo sitúa la consabida imagen de la ciudad  que, como suele ocurrir, no coincide con la que yo veo a medida que me acerco. Su dimensión es menos elocuente y además, tiene las alas trizadas. Disfruto largo rato como buena amante del documento grafico que soy, de las que señalan sus momentos de gloria y caída. Repaso; 1791 se erige. La Acróplis de Atenas es su modelo. 1806, Napoleón se la lleva a París como trofeo pero vuelve en 1914 y se le agrega el águila y la cruz de hierro. Es completamente destruida durante la segunda guerra mundial. En 1956 es restaurada por los orientales pero se le retiran el águila y la cruz y queda durante tiempo en tierra de nadie entre las dos Alemanias hasta que en 1991 ya reúnificada de nuevo Alemania, vuelve a ser restaurada y  le es agregada nuevamente el águila y la cruz  a la cuadriga que  lucen dorada allá arriba hasta la próxima caída...¡Sic transit gloria mundi!

Pero...ya me estoy aburriendo de escribir esta crónica que cualquiera que se compre una guía de viajes o seleccione adecuadamente una entrada en Google, puede leer... Al fin y al cabo, este es mi blog y escribo para mí sola.. Entonces, dejémonos de gaitas y vamos a lo mío...

Berlín tiene color de paloma triste y roce de acero. Junto a mis pasos,  resuenan en mi  interior botas, inumerables botas que atruenan el silencio. Masco el estruendo triste de muchas pesadas pisadas juntas...Veo caminar a Walter Benjamín con su cartera de mano monstruosamente llena hacia su último y equivocado destino y tal vez sea así, porque justo por esta esquina que cruzo yo ahora, lo paseó su niñera en 1895...(quién se atreve a decir que no). Sí, Berlín es su cara inteligente de judío ácrata que tan temprano supo que "El ángel del progreso" tenía el cuello dislocado y las alas  histéricas ...Silbo suave para consolarme Lili Marlene mirando al pasar las feísimas farolas  berlinesas y digo que silbo pero en realidad no soy yo  sino Hanna Schygulla la que me canta en la memoria como en la película aquella que  he visto ya como cuatro veces sin cansarme y llorando a todo gusto...

Cada ciudad tiene su música y es su ritmo el que nos acompaña......Llego y sí, tal como en la novela, Alexanderplatz, sigue  tan fea, proletaria y sin salida como cuando Biberkopf intentaba recorvertirse allá por sus aledaños...


Berlín y yo tenemos frío y el muro a mi vera  es ahora una fiesta de murales. Me gustan las cabezas de cronopios serpentinos un poco sorprendidos por encontrarse allí, en medio de tanta reseña dramática, con sus cabecitas  ingenuas, totalmente equivocados de sitio, aunque...por qué no va ser Berlín un buen sitio para cronopios... Veo que me está gustando eso de escribir sin concesiones,  sin hacer caso si no es a unas ocurrencias que tal vez no sugieran absolutamente nada a nadie y se desgranan a gusto sin estilo y comas mal puestas... La literatura es también esto; puro desahogo a media voz....

Me compré un chaquetón de astracán de segunda mano allá en un mercadillo del Tiergarten donde los viejos visones apiñados  me hicieron recordar al que abrigó a Klara, la esposa de Kemplerer, huyendo de los bombardeos. Quemado y polvoriento le sirvió y a mí me dan ganas, recordándolo, de probarme  con cada uno, vidas ajenas. Me detiene la mala conciencia....  Sin embargo, me pruebo el astracán casi nuevo, imaginando que alguna berlinesa guapa allá por los cuarenta, lo recibió de manos de un admirador un poco cínico... El peruano que me lo vende me asegura que son pieles que vienen de Sudáfrica y que prácticamente no tienen uso y, el pobre no sabe que al oirle casi me arrepiento  porque lo que yo quiero comprar es justamente,  historia...

Miro largamente el abeto frente a la ventana de mi hotel. Es inconguente. De alguna manera, me molesta; quiero un espacio vacío y la nieve cayendo sin obstáculos sobre la desnudez del patio. Lo único que quedaría bien allí son grajos y...otra vez, Lili Marlene y muchachos guapos y rubios como los que he visto en el metro, muriéndose simplemente porque nacieron antes, estragados y sucios. No se por qué pero...a Berlín no le van los colores, ni la alegría ingenua. Aquí se impone algo un poco canalla...debe ser "Cabaret".


Lo que más me ha gustado y he fotografiado, es el acceso a la estación Friedichstrase. Eso es; hierro, río helado, gaviotas tiritando,muchacho rapado a la intemperie y muchas huellas confundidas en la nieve .Digo gustado y no me averguenzo de la palabra...porque hay en mí un deseo que detenerme por una vez en la realidad y detener el fluir de la fantasmagoría...cuando coinciden.

En esta  última imagen se condensa todo el Berlín  que se ha quedado adherido en mi memoria poética. a través del tiempo...

 Puro escalofrío, tambor de hojalata, miedo, mucho miedo, pesadumbre y, por supuesto, suave, muy suave de fondo, siempre bella... ¡Lili Marlene!

6 comentarios:

Mandalas, Espacio Abierto dijo...

Hola, Begoña

Tras leerte, dan ganas de ir a comprar un billete para Berlin. Siempre me ha dado la sensación de ser una ciudad fría y gris, aunque las prendas de segunda mano del mercadillo del chico peruano, también merecen una visita.

Besotes.

Begoña Eguiluz dijo...

Ya. me alegro de que mí descripción de Berlín no te echará para atrás, chica valiente. Si que vale la pena ir...es una ciudad que te dimensiona y te hace sentir emociones inhabituales...
En el mercadillo seguro que encontrarías cosas muy hermosas: un bolso de cocodilo con cierre de plata, unos sombreros preciosos... ¡cosas realmente hermosas muy baratas!

Un abrazo.

Pedro dijo...

Begoña (una Begoña donostiarra, qué curioso), tu paseo por Berlín es singular, en los viajes cada uno ve lo que ve, esa mezcla de presente con recuerdos literarios, cinematográficos, históricos. Muy original. Pero ¿disfrutaste?, ¿sentiste la ciudad?, ¿la amaste? Berlín es una amante que se extraña y se añora, que cuando se camina por ella, por su realidad, su ahora, te llena de luz, de inquietud, de deseo, de saber más. Aunque siempre hay un avión que espera. El regreso, ay, el regreso.

Begoña Eguiluz dijo...

¿No se nota, Pedro, que la sentí? Ya sabes que el amor es una mar...muy ancha. Me gustaria regresar a Berlín en primavera...pasear bajo los tilos y volver al museo de Pérgamo del que no conté nada. Mis amores son inevitablemente literarios. Todos. Siempre ando transitando de la literatura a la vida y viceversa.Es inevitable.
La verdad es que no soy donostiarra. Mis ancestros (padre y madre son vizcaínos, de Baracaldo y Elantxobe, por más señas). Yo nací en Chile y la suerte me trajo a Donosti hace ya algunos años.
Tú ¿bilbaino, verdad?

Pedro dijo...

Begoña Eguiluz, Berlín es hermosa en invierno y en verano, en agosto más disfrutable que en marzo (por ejemplo), pero me gusta siempre.
Me doy cuenta que lo he escrito en femenino, Berlín hembra.
Mis amores son literarios, a veces, pero me gustan más los reales, los de volverte loco, o tonto, enamorado. La vida es la vida, real, potente, auténtica, lo que es. La literatura…bah, pasar el rato, un juego para desocupados (con todos mis respetos).

Elantxobe forma parte de mi vida, de mis recuerdos, de mis dolores. Cuando entro por Ibarrenguelua y veo el mar, la imagen de mi madre en el puerto me rompe, la figura de mi padre paseando los puertos, atracando el bote volviendo de intentar txipirones me deja al borde de las lágrimas. Elantxobe es demasiado fuerte para mí, he dejado mucho corazón allí. Elantxobe me duele.
Soy bilbaíno sí, pero podría ser de cualquier otra parte, soy.

Curioso medio este del blog, se encuentran coincidencias, casualidades.
En fin.
Mis saludos.

Begoña Eguiluz dijo...

¡Vaya, Pedro...qué coincidencia! En los años sesenta vivimos en Elantxobe durante un año y esa época es uno de los más deliciosos recuerdos que tengo...Ïbamos a Ibarranguelua al cine de la iglesia algunas tardes de Domingo. "Los reyes" venían por Ogoño en enero. Aprendí a nadar en el puerto. Subía a la plaza con mis amigas a ver las comedias...cada una con su silla al anochecer del verano.. Allí hice mi primera comunión y allí han quedado para siempre mis padres ...Luego nos fuimos a Bermeo pero Elantxobe siguió siendo para siempre un lugar en que aún sin ninguna fisura, fui feliz.

Cuando digo que mis amores son literarios, estoy hablando un poco como Miss Marple (de A. Christie) quiero decir algo así como que, la literatura todo lo impregna pero no para "desangrarlo" precisamente. Yo diría más bien al contrario, una intesidad de sentir plena y a veces, profundamente dolorosa se adhiere como una segunda piel a lo que vivo...Nunca he podido entenderla como una ocupación "de desocupados", tal vez porque para mí escribir es algo necesario para entender y registrar "la ocupación" ...¡Ay, yo soy de las que no quieren perder lo vivido!.. .Nada de lo que escribo es ejercicio, todo es biográfico de alguna manera. Ya sé que éste es un tema apasionante de debate...me imagino que el temperamente tiene algo que ver con todo ello.

No sabes la alegría que me da haber conectado con un vizcaino ( ¡qué buena música tienes además en tu blog AQUI)...y
Bilbao, otra ciudad de mis amores!!

Saludos cariñosos, bilbaino.

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