Para mis hermanas
La confirmación del diagnóstico supuso una especie de temblor en el eje del tiempo. Alteró mi habitualidad de manera tal que de pronto me hice consciente de que absolutamente nada acontecía de la misma manera. Seguí repitiendo lo que había hecho hasta entonces, no se me alteraron la sonrisas ni los tópicos. Me aferré al- ¿dormiste bien? ... Ya pronto Navidad... habrá que sacar el ángel ¡Vaya!, aún está dando flores la planta que te regalé para el día de la madre... Me duelen las rodillas ...¡Cuéntame!
Pero como había perdido la inocencia, me veo decir, me veo hacer y, al terminar el día, un cansancio insomne cae sobre mi noche como pétalos de plomo.
Luego también me habitué a la noticia y recuperé una inconsciencia que ya no es diáfana, sino densa y embotada.