Avignon.


Puente de Avignon
" Sobre el puente de Avignon todos cantan y todos bailan..." Es hermoso este puente sobre el Ródano pero está partido a la mitad. Lo que falta se lo llevó una crecida del río casi tan antigua como la canción. Hemos caminado hasta su mitad lentamente, para amortizar los 35 francos que nos han cobrado por tener derecho a hacerlo.

 La vista desde el río es esplendida. Podemos imaginar sin problemas las glorias pasadas de la ciudad. A un costado se atisba el palacio de los Papas pero el que domina la estructura, es el  del Archiduque.

Avignon tiene sabor a infancia.  Aquí La historia se mezcla con mi propia historia de juegos a la cuerda aquellas tardes de invierno con bufanda azul...Sí, el puente de Avignon tiene el agridulce sabor de los cuentos. Como en ellos, el camino hacia atrás está cortado...no se puede volver jamás.

Nos hemos sentado en la escalera de acceso al Palacio papal. La fachada se eleva compacta, sólida, poderosa. La gran cruz de la cristiandad se repite tres veces y el escudo del Pontífice, nítido, sin fisuras, preside la gran puerta.

Un muchacho canta ópera, otro lee a Dostoiewski en edición Porrúa. Una chica escribe con estilográfica en una libreta de bolsillo...Todo esto en las gradas ante mi mirada ávida...

Inocencio VI saldrá pronto al balcón y nos bendecirá... Fue un buen Papa si se piensa que intentó frenar la corrupción eclesiástica, terminó con La Guerra de los cien años y fue el único que trató de hacer algo por salvar a Blanca, la pobre reina Blanca, de  los abusos de su  terrible esposo Pedro, el cruel...

Poder, fuerza...¡otro signo de Avignon!

Además, aquí entre sus plátanos y entre sus murallas una vez fueron tan felices que consinaron a esta ciudad como la de sus amores , Paúl y Gisele Celan.

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